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"El último Blackfyre" (Diario Pre-ficha Daemon IV)

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"El último Blackfyre" (Diario Pre-ficha Daemon IV)

Mensaje por Daemon IV Blackfyre el Lun Nov 07, 2016 5:41 pm

Año 260 Después de la conquista:

Piedra de sangre ardía, la batalla había comenzado hacía poco más de 20 minutos y ya, la cantidad de muertos era incontable. El Monstruoso defendía a muerte su castillo y a su familia, sus concubinas esperaban dentro del castillo junto con el heredero del rey de los Peldaños de Piedra. Daemon Fuegoscuro tenía solo 4 años, pero ya entendía lo que sucedía a las afueras de los muros del castillo. Su padre luchaba superado en número, y había gran posibilidad de que no volviese, pero como todo niño... aún tenía esperanzas.

A pesar de desearlo con todas sus fuerzas, su padre nunca volvió. Lo único que entró por esa gran puerta del salón principal fue parte del ejército del rey del Trono de Hierro. Los Targeryen querían cortar de raíz el problema de los Fuegoscuro asesinando a todo el linaje de Maelys. Los soldados del lado del Monstruoso intentaron darles tiempo a los que se resguardaban en la sala para que escaparan por la puerta de atrás, sabían que morirían en el intento, pero aun así decidieron morir por su rey antes que pasar el resto de sus días en una prisión en Desembarco del Rey.

Una de las concubinas de Maelys se llamaba Ralha, esta mujer era la madre de Daemon, la cual lo sujetó con fuerza de la mano, y lo arrastró hacia la parte trasera del lugar intentando escapar con él. Corrieron por los interminables pasillos de Piedra de sangre sin detenerse ni para respirar.

Luego de correr por unos minutos, Ralha y su hijo lograron salir del castillo y subirse a un pequeño bote que los esperaba en la orilla. Allí los esperaba con el remo en la mano un hombre encapuchado que resultó ser Kyroos Dalt, la mano del rey del difunto Maelys. Antes de zarpar, un par de individuos se subieron a la embarcación junto a Ralha y el heredero del reino, estos individuos eran nada menos que una mujer y un bebé que no paraba de llorar.

En el momento en el que subieron, la mano de Maelys comenzó a remar con la mayor rapidez que pudo y el bote se alejó poco a poco de la costa de Piedra de sangre.

El trayecto hacia Poniente era largo, por lo que el único sonido que sintieron durante la mayoría del trayecto fue el ruido del niñito llorando en brazos de su madre, la cual intentaba desesperadamente calmarlo sin lograrlo.

Sin que su madre se diera cuenta, el joven Daemon se acercó al bebé con intención de parar el llanto sin importar la manera. Una vez frente a la mujer, bajó la mirada y apoyó sus manos sobre el cuerpo del diminuto ser y lo vio a los ojos, esos ojos violetas, esos ojos le recordaban a algo, esos ojos eran... eran los ojos de su padre.

Fue en ese momento cuando el pequeño Daemon se dio cuenta de que no era el único hijo de Maelys "El Monstruoso", el bebé que reposaba en brazos de su madre eran nada más ni nada menos que su hermano. Entonces, al mirar fijamente a la criatura, ésta cesó el llanto, y se mantuvo mirando a su hermano mayor. Parecía que entendía totalmente la situación, parecía que ese ser tan joven ententendiese que él niño parado frente a él era su hermano, parecía que entendía que su padre había muerto en batalla intentando protegerlos y reclamar lo que realmente era suyo, que murió por una buena causa, que cayó como un héroe al lado de sus hombres.

Pocos segundos después del cruce de miradas entre los hermanos, Ralha se dio cuenta de lo que hacía su hijo y lo tomó de la mano, acercándolo a ella. Recién en ese momento ambas madres se miraron a los ojos y se reconocieron completamente, ambas eran concubinas del rey, y ambas eran madres de sus hijos. Pero ahora el rey había muerto, y se dirigían a un continente desconocido donde vivían sus enemigos, por lo que debían pensar muy bien que harían cuando llegaran.

La madre del bebé le dijo a Ralha que se dirigiría al norte, hacia las Tierras de los Ríos, que tenía un pariente lejano en las tierras de los Bracken y que allí podrían darles al menos una cama para dormir y comida.

Por otro lado, la madre del primogénito del difunto rey estaba indecisa sobre hacia dónde ir, ya que no tenía ningún familiar en Poniente, y tampoco podía exponerse a ser descubierta como la esposa de un traidor. Por esa razón, Kyroos se ofreció a escoltar a Ralha y a su hijo hacia un pueblo cercano a Bastión de Tormentas, para una vez allí usar las pocas monedas que la mano pudo tomar de Piedra de sangre para comprar una taberna y vivir allí.

Ante esta propuesta Ralha aceptó sin muchas más opciones, ya que si no aceptaba seguramente morirían de hambre. Además del ofrecimiento, la mano dejó por un segundo el remo y tomó unos trapos que se encontraban entre sus piernas. Comenzó a desenvolver los trapos, y de la nada un brillo hostil atacó los ojos de los tripulantes de la embarcación. Kyroos sostenía en sus manos la famosa espada de Aegon el conquistador, espada que hace no más de un día blandía Maelys. Ahora era de su heredero, el pequeño Daemon recibió de parte de Kyroos el legado de su padre, quien tiempo antes de la batalla confió su espada a su hombre de confianza para que se la diera a su heredero si la defensa de la isla fracasaba.

La barca se movía de lado a lado por las aguas del Mar Angosto, poco a poco, la luz del sol comenzó a brillar sobre el agua cristalina, iluminando cada vez más al ambiente. Esa luz reveló, a lo lejos, tierra. Las montañas de las Tierras de la Tormenta se alzaban en el horizonte como grandes siluetas oscuras en una obra teatral. El momento había llegado, ambas mujeres con sus respectivos hijos desembarcarían ahora en un territorio no solo desconocido, sino también hostil. Su desafío sería sobrevivir y darles la mejor educación posible a sus hijos, los cuales tendrían como futuro objetivo retomar el legado de su padre.

Desembarcaron en una playa que según decía Kyroos, era la playa de la ciudad de Bastión de Tormentas. Ahora debían apurarse en desaparecer de allí, ya que posiblemente los hombres de esas tierras ya estaban enterados de lo sucedido, y no tardarían en mandar hombres a monitorear los alrededores.

Al bajar de la embarcación, la mujer con su pequeño hijo se dirigieron hacia donde habían dicho, hacia el Norte, rumbo a las Tierras de los Ríos. En cambio Ralha y Kyroos se dirigieron hacia el otro lado, fueron rumbo a un pueblo cercano a Bastión de Tormentas, donde comenzarían sus nuevas vidas como dueños de una pequeña posada.

A pesar de que a la mano del difunto rey le importaba también el bebé de la otra mujer, el primogénito de Maelys era más importante para él, además de que portaba una espada deseada por cualquier hombre de Poniente.

Los 3 caminaron por horas por la tierra seca de las Tierras de la Tormenta sin descanso alguno. El niño no podía caminar más de 20 minutos sin cansarse, por lo que Kyroos decidió llevarlo sobre sus hombros durante la mayor parte del trayecto. Por más que avanzaban, el paisaje continuaba siendo el mismo, tierra seca y nada alrededor de la misma, incluso esa tierra era más parecida a la arena que a la propia tierra. Pero luego de caminar durante unas 5 horas aproximadamente, Daemon y sus acompañantes llegaron al tan deseado poblado. No era ni el más conocido, ni el más transcurrido, ni el más rico en tierras, ni el más grande poblado, pero era lo más que podían pedir para poder mantenerse y a su vez mantener un perfil bajo entre las personas de Poniente.

Al llegar al pueblo, los tres se dirigieron hacia la posada del poblado. Al entrar Kyroos pidió jarrones de agua para los cansados caminantes, los cuales pagó con unos pocos venados. Pero luego de beberse el jarrón entero y recuperar el aliento, el protector de Daemon tomó una bolsa atada a su cinturón, y la puso sobre la barra del lugar. Los ojos del cantinero y dueño del lugar se llenaron de intriga, pero aún no sabía lo que sucedía. Por esta razón, Kyroos le dijo: “En esta bolsa hay dos veces en monedas lo que vale esta posada, si la aceptas la posada será nuestra desde ahora en adelante, sino. Veré quien más puede aceptar la oferta”.

El cantinero dudó por unos segundos, pero al abrir levemente la bolsa para inspeccionar su interior, se dio cuenta de que lo dicho por el hombre que tenía enfrente no era ninguna broma. Con esa cantidad él podría comprar una posada en Bastión de Tormentas, y hacerse rico. Por lo que no lo pensó más y aceptó la alocada oferta de Kyroos, asintiendo con la cabeza y retirándose de la barra.

Solo tardó unos días en preparar sus cosas y las de su familia, y luego se marcharon en una vieja carrosa rumbo a la capital de las Tierras de la Tormenta. Ahora la posada era suya, y de esa manera debían ganarse la vida de ahora en adelante.

La base de la posada era de piedra pura, siendo la resistencia superior de madera, que consistía en las vigas, el techo, la puerta y las ventanas. Del techo colgaban viejas tiras de cuero que pretendían ser de una caza de antaño. Las paredes estaban decoradas con cabezas de animales disecados, espadas, arcos y retratos un poco avejentados. Las habitaciones se encontraban en el segundo piso, al subir la crujiente escalera de madera, se accedía a un largo corredor donde las 8 habitaciones de la posada esperaban.

Rolha y el niño dormían en la única habitación de abajo, mientras que Kyroos dormía en una cama que se encontraba en la sala principal, ésta cama estaba lo suficientemente cerca de la habitación del niño como para poder defenderlo en caso de un ataque.

Pero poco a poco, con el correr de los días, los meses y los años, los recuerdos del asedio de Piedra del Sol de desvanecían de sus cabezas junto con la imagen y el recuerdo del “Último Fuegoscuro”.

Año 270 Después de la conquista:

El joven Daemon pasó de ser un pequeño niño a ser un joven comprometido con la posada y con el entrenamiento marcial que Kyroos le enseñaba. Para la sorpresa de la mano, el niño aprendía este arte bastante rápido, a la edad de 14 años, lo venció sin problemas, por lo que sus habilidades solo comenzaban a brotar, pero en unos años llegarían a su mayor apogeo.

Ésta fue la razón por la que Kyroos y su madre decidieron enviar al joven de 14 años de edad a estudiar el arte de la espada en mayor detalle con un viejo amigo de su anterior maestro. Este maestro era nada más ni nada menos que un caballero de Dorne, un guerrero destacado en el arte marcial, ese guerrero era el famoso Lewyn Martell.

Lewyn no tenía idea que el niño era hijo de Maelys, por lo que accedió pensando que era hijo de su viejo amigo. Fue así como Daemon viajó hacia el sur, para entrenar con el príncipe de Dorne bajo el nombre de Damian Dalt, hijo de Kyroos Dalt y Ralha.

El viaje fue largo y cansador, pero cuando el jinete del carruaje le dijo que ya habían llegado, el joven guerrero salió de su transporte y se encontró con una pequeña fortaleza rodeada de arena desértica.  Las puertas de la misma estaban abiertas, y un guardia anunció en voz alta la llegada del carruaje. En pocos minutos, un hombre alto y delgado salió por la puerta de entrada, un hombre de piel quemada pero no demasiado, no había duda, ese hombre era su nuevo maestro, ese hombre era el famoso Lewyn Martell.

El afamado guerrero estaba allí, parado frente a Daemon, observando si su cuerpo era apto para el entrenamiento. Luego de unos pocos segundos mirándose entre sí, el príncipe de Dorne le dijo al niño: “Bienvenido Damian, mi nombre es Lewyn Martell, tu padre fue un muy buen amigo mío cuando éramos niños, y me dijo que eres bueno con la espada… te pondremos a prueba”. Al terminar, Lewyn le hizo señas al niño para que lo siguiera hacia el interior del castillo, debía conocer lo que sería su hogar durante los próximos 2 años.

La arena estaba por todas partes, el calor era apenas soportable y las gotas de sudor caían por la frente de todos los habitantes del lugar. El niño caminaba detrás de su maestro rumbo a los pasillos interiores del castillo. A pesar de que no era muy grande ni atractivo, el castillo tenía un toque especial, la roca ya verdosa por el pasar de los años le daba un pequeño toque terrorífico e interesante a la vez.

Los pasillos del lugar eran de mármol, decorados con recreaciones de gloriosos momentos de los dornienses en el pasado, la llegada de Nymeria, la caída de Meraxes y Rhaenys, La charla de Meria y Aegon, entre otros. Pero de tanto ver las pinturas del piso, el niño no se percató de que ya habían llegado, su maestro dejó de caminar, y Daemon se paró a su lado. Frente a sus ojos había un gran campo de entrenamiento, donde más hombres practicaban lo que los dornienses llamaban “La danza de la muerte”.

Lewyn miró levemente a su nuevo pupilo y le dijo:” ¿Espada o lanza? ”. Daemon demoró unos  segundos en entender la pregunta, ya que él apenas había entrenado con una espada, nunca había usado una lanza, por lo que dijo: “espada”.

Ante la respuesta de su aprendiz, el príncipe de Dorne metió sus manos en un armario que tenía a su lado, sacando una lanza dorniense y lanzándosela al niño. Éste no entendía nada, le había preguntado que prefería y había hecho todo lo contrario ¿sería tonto? ¿Estaría bromeando?

La verdad es que Lewyn quería expresarle al joven de que en una batalla debes pelear con lo que haya, y no siempre será con tu arma favorita o en las condiciones que uno desea, pero aun así debe vencer.

El joven Fuegoscuro no tardó en adentrarse al campo de entrenamiento con los demás aprendices. Su maestro tomó una daga de su cinturón, y la puso con la punta hacia el abajo.

Daemon sabía que tenía mucha más posibilidad de vencer a alguien usando una lanza contra una daga, por lo que avanzó lo más rápido que pudo intentando pinchar la panza de su maestro, pero éste, corrió a un lado la lanza del pequeño con su daga, y lo tomó del pescuezo. Lo levantó en el aire mientras le decía: “Debes ser más rápido, deja de ser un caballero, piensa como un dorniense. Piensa como una serpiente”. Luego de terminar su rápido discurso, Martell soltó a su pupilo, diciéndole que se podía retirar y que uno de los cortesanos le indicaría la ubicación de su habitación.

El cuarto donde se quedaba no era muy grande que digamos, pero estaba bien, solo necesitaba una cama y un pequeño armario, que era lo que tenía la habitación.

Daemon pasaría los siguientes 2 años como aprendiz del príncipe de Dorne, entrenando todos los días sin descanso, aprendiendo a usar todas las armas posibles, luchando contra su maestro y sus compañeros hasta no poder más. Así fue como aprendió el joven Daemon, además de tener el talento nato de su padre, Lewyn le aportó esa rapidez y viveza a su estilo, haciendo de Daemon un guerrero temido tanto por su fuerza como por su agilidad y movimiento.

Año 272 Después de la conquista:

El día en el que el joven cumplió 16, Lewyn le dijo que estaba preparado para partir nuevamente hacia su tierra, que ya era un guerrero temido, y que ahora debía mejorar por su cuenta, ya que incluso había logrado derrotar a Lewyn unas cuantas veces. Antes de partir, el propio príncipe de Dorne tomó su espada y le pidió al joven que se arrodillara. Luego le pidió que hiciera un breve juramento, para posteriormente tomar su espada y tocar con ella su hombro derecho y, luego su hombro izquierdo y para finalizar, su cabeza, diciendo las palabras:”Damian Dalt… te arrodillaste como mi escudero, levántate como caballero”.

Así fue como Damian Dalt se añadió a la lista de caballeros del mundo de Poniente, aunque ese no era su verdadero nombre, pero… en realidad no importaba, podía portarlo por un tiempo. Cuando el mundo se enterara de su verdadero nombre… éste temblaría nuevamente por la furia de los Fuegoscuro.

Ahora el joven caballero debía volver a la posada donde su madre y Kyroos vivían, sería raro volver a una casa que no había visitado hacía ya dos años, y se suponía que era su hogar. La despedida no fue del todo fácil, los amigos que había hecho en esa pequeña fortaleza del norte de Dorne, se separarían totalmente del joven caballero. Además… no fue fácil la despedida con su maestro, prácticamente era un padre para él, y lo iba a extrañar mucho.

Nuevamente el carruaje mantuvo un curso normal, sin problemas, recto, aburrido, hasta llegar finalmente a las cercanías de Bastión de Tormentas. El niño que había emprendido el viaje al sur se había ido, ahora salía de ese carruaje como un hombre, un caballero, un gran guerrero.

Descendió del vehículo y admiró la posada de Kyroos, la recordaba mucho más grande, pero eso era normal, de niño uno ve las cosas más grandes que los adultos. Pero había algo… algo que estaba diferente. Dos años atrás el lugar era frío, una casona sin mucho que dar, sin atractivos, pero la actual, la actual era hermosa, velas por todos lados, calabazas decorando los laterales de los muros de piedra consumidos por el moho, las cadenas viejas decorando el techo de la puerta de entrada, las ventanas pintadas de muchos colores y divididas correctamente, el pequeño sendero de piedra que conducía a la entrada, sendero que tenía pedazos de rocas de todo tipo, rojas, negras, blancas, grises, azules, y de muchos otros colores.

El estado actual del lugar era mucho más cálido y acogedor de lo que era en su momento, y eso le alegró bastante al joven caballero.

Sin más preámbulos se decidió a entrar, a cada paso que avanzaba sentía más y más fuerte el sonido de las personas dentro del lugar, muchas voces se sentían, más de las que podía reconocer. Pudo oír un par de hombres gritar algo sobre quien pagaba la siguiente ronda, mujeres comentando que costuras eran mejores, niños hablando sobre su futuro como grandes espadachines, y allí, en medio de ese silencio, la puerta principal de la posada se abrió, crujiendo como nunca antes lo había hecho, parecía que estaba destinado a llamar la atención en su entrada, en su regreso a casa.

Al entrar pudo percibir que cada persona que se encontraba en la sala principal lo miraba, todos estaban atentos a la entrada de este desconocido. Por más que buscaba a su madre, el joven no la encontraba, en silencio recorrió con la mirada toda la habitación principal del local y no pudo reconocer a nadie, todos eran extraños para él. Hasta que de la nada alguien tocó su hombro desde atrás, al voltearse, el joven pudo ver a Kyroos. Ya se le notaban un poco más los años, las canas teñían un poco su pelo como si fuera un salpicón de color, su barba ya estaba casi totalmente blanca, y las arrugas comenzaban a salir en su rostro. Al verlo, Daemon se quedó en pausa por un par de segundos, y luego de asimilarlo avanzó un paso y le dio un abrazo.

“Kyroos, te eché de menos. Estos dos años han sido una constante aventura, pero cuéntame… ¿dónde está madre?”.

Al recibir esa pregunta, el dueño del local bajó un poco la mirada en tono de desilusión, pensó durante unos segundos que decirle al chico y comenzó a hablar: “Daemon, cuando te fuiste yo fui lo único que tu madre tenía, quiero que sepas que nos enamoramos y mantuvimos juntos la posada. Pero luego se embarazó, hace unos 2 meses ocurrió el parto, y… nuestro bebé nació muerto. Y tu madre no lo resistió. Ambas se fueron Daemon”.

La noticia fue impactante para el chico, tanto tiempo sin ver a su querida madre y ahora no la podría ver nunca más, nunca podría despedirse, decirle que fue una buena madre, una madre aprensiva, que siempre luchó por su hijo, nunca pudo darle un último abrazo, un último beso, una última mirada, una última charla. Los momentos con su madre habían desaparecido en un instante, hace 5 minutos su mente imaginaba abrir la puerta de entrada y ver a la mujer que lo crió frente a él, imaginó como se daban el abrazo más largo que hubiese existido en la historia, pero como todo en la vida… nada es como uno se lo imagina.

La verdad es que su hermana no le importaba demasiado, nunca la conoció, no tuvo ningún lazo afectivo con ella, pero que le quitara a su madre, la persona que más amaba en el mundo, eso sí que era cruel. La mala fortuna de los dioses atormentaba la mente del joven Fuegoscuro sin dar tregua.

Pero después de todo… ya no podía hacer nada, y se convenció de ello, justificó su anestesia de la ira diciéndose cosas como “ya pasó” o “la veré en otra vida”. Pero él bien sabía que solo eran justificaciones baratas para apaciguar aunque sea un poco la violencia y el enojo que sentía su corazón.

Los siguientes días intentó quedarse en la posada, pero cada cosa que veía, pisaba, olía o sentía le recordaba a su difunta madre, no lo soportaba más, debía alejarse todo lo posible, buscar su nueva vida, además… ya no había nada que lo detuviese, no había ninguna razón para quedarse. Más bien… había más razones para irse que para quedarse.

Y así fue como el joven Daemon tomó su espada de acero Valyrio del cofre del cuarto de Kyroos, tomó unas monedas para sobrevivir un tiempo, y sin siquiera despedirse de su antiguo educador, se marchó. Comenzó a caminar en línea recta, la verdad es que no le importaba hacia donde iba, solo quería alejarse, caminar, despejar las ideas, olvidarse de la tragedia sucedida, y llenar su cabeza de nuevas aventuras por vivir. Así es como termina la vida de Damian Dalt y comienza oficialmente la vida de Daemon Fuegoscuro cuarto con su nombre.


Peticiones:

- Descendencia Blackfyre aceptada
- Destreza en combate personal +4 por el entrenamiento con Lewyn.
- Rasgo "Fuerte" por descendencia de Maelys
- Rasgo "Alto" por descendencia de Maelys
- Poseedor de la espada de acero Valyrio "Fuegoscuro"
- + 20 de prestigio por ser conocido como un muy buen caballero en la zona dorniense
- Monedas acorde a la nota sacadas del cofre de Kyroos Dalt
- Buena relación con Lewyn Martell
- Exp
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Re: "El último Blackfyre" (Diario Pre-ficha Daemon IV)

Mensaje por Web Master el Dom Nov 20, 2016 1:50 pm

2 - Ortografía(2)
3 - Creatividad(2,5)
4 - Realidad(3,5)
2 - Coherencia(2)
1 - Ambientación(1)

Tu nota final es un 11/12

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