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Wat Dundledore (pre-ficha)

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Wat Dundledore (pre-ficha)

Mensaje por Kota el Dom Mayo 15, 2016 1:39 pm

Nací en Suno, un pequeño fuerte a poco tiempo de viaje de Desembarco del Rey, en la Tierras de la Corona.

Mi padre era un caballero empobrecido que al momento de mi nacimiento se endeudó aún más de lo que ya estaba. Tuve una infancia llena de lujos aún así, pues Ser Dundledore era el amigo personal del señor de la fortaleza, más aún, él le debía la vida. No nos faltó nada por un largo tiempo.

Mi madre era una mujer sencilla, una don nadie, campesina local. Era alta y esbelta, el paso de los años se le notaba por la vida campestre que había llevado, cultivando la tierra para el Señor feudal por años, hasta que claro, mi padre la vio paseándose por la tierra y se enamoró perdidamente de ella. Pidió su mano al Señor, con una petición formal de liberarla de sus deberes, entonces se casó con mi padre y me tuvieron a mí. Desde ese entonces no estaba obligada a seguir labrando la tierra, (claro, le debía lealtad a su señor como todos, pero su aporte era desde otro lado, su labor era encargarse de mi crianza y mi cuidado).

Yo pasaba el tiempo con ella, a decir verdad, solo pasaba el tiempo con ella y nadie más. Mi padre estaba todo el tiempo aconsejando, ofreciendo su protección y recibiendo a las visitas del señor de Suno. Solo lo veíamos algunos días y por un corto tiempo, cuando reabastecía la casa con surtidos. Vivíamos en una casa que nos proporcionó el señor, destinada a albergar visitas, pero nosotros la ocupábamos.

Al no tener mucho contacto con mi padre, no hablábamos mucho, y no sabía lo suficiente sobre él como hubiera querido. Conocía de él lo que mi madre me contaba y a veces cuando tenía tiempo, se quedaba un rato con nosotros y me contaba siempre las mismas historias: el orgullo de su vida, cómo salvó a su señor de unos bandidos mientras le brindaba sus servicios como escudero. A veces mencionaba a sus padres, pero me enteré por mi madre que él había pasado gran parte de su vida sólo. Su madre había muerto por una enfermedad y su padre en uno de sus trabajos, había muerto en acción. Mi madre me explicaba que yo llevaba un apellido por el origen noble de mi abuelo (por parte de padre), que se suponía era un pariente lejano del padre del actual señor. Yo nunca entendí bien mis orígenes, tampoco me los cuestionaba por ese entonces, que es cuando habría obtenido respuestas si hacía las preguntas.

Un día mi padre decidió que debía hacer algo útil con mi vida y me dio la opción de convertirme en escudero del hijo del señor (ya entrado en años, con una hija que en las pocas ocasiones que la vi me había parecido despampanante) o ir a estudiar a la ciudadela con los maestres. Cuando mi padre propuso la idea en la corte del señor, su hijo no parecía contento, no sé por qué, por alguna razón no le gustaba mi familia, se había formado una mala imagen de nosotros, nos consideraba parásitos de la gracia de su padre. Yo por supuesto no lo veía así, mi padre siempre me contaba que gozábamos de la vida que teníamos ya que era la forma que el Señor había encontrado para pagar su deuda para con mi padre, no porque éste se lo hubiera pedido.

No tuve que pensarlo mucho más, no era bueno en materias de combate y no quería aprender de ni pasar tiempo con un hombre que había llegado a despreciar a mi familia y que estaba muy ansioso de llegar al poder y quitarnos los privilegios, (sí, incluso siendo tan jóven ya se me había formado esa idea de mi próximo señor). Sólo tenía mis dudas porque si le servía como escudero, podría pasar algo de tiempo con su hija y tal vez conocerla.

Pero al final me decidí por irme a estudiar a la ciudadela sede de la órden de los Maestres en Antigua, ciudad que se localiza en el suroeste de Poniente, en la bahía del río Aguamiel cuando éste se abre al Canal de los Susurros y al Mar del Ocaso, forma parte de las tierras de El Dominio.
Esa fue la única vez en mi vida que salí de las tierras de la corona.

Mi vida allí fue de lo más interesante: llegué a Antigua en una caravana mercante desde desembarco del rey que abastecía a la Ciudadela, además de traer otras cantidades de productos para comerciar con todo El Dominio.
(Breve historia ambientativa del ducado: Antigua es gobernada en la actualidad por la Casa Hightower desde su asentamiento, el Faro. Originalmente reyes por su propio derecho, juraron lealtad a la Casa Gardener y posteriormente se convirtieron en vasallos de los Tyrell luego de la Guerra de la Conquista.
Durante la Gran Epidemia Primaveral, Antigua sufrió enormemente, siendo superada en víctimas mortales sólo por Desembarco del Rey.)

La Ciudadela fue lo más impresionante de aquella ciudad-puerto desde el momento en que llegué hasta que me hube ido: La Ciudadela es un conjunto de edificios que sirven como cuartel general y centro de estudios de la orden de los Maestres. Es el lugar donde convocan asambleas, estudian y capacitan a los nuevos miembros. También es la residencia de los Archimaestres. La Casa Hightower jugó un papel fundamental en la fundación de la Ciudadela y continúan siendo grandes patrocinadores del conocimiento.

La Ciudadela se encuentra en el río Aguamiel, donde sus cúpulas y torres se alzan en ambas orillas, conectadas por puentes de piedra llenos de habitaciones y estancias. Las puertas están flanqueadas por una pareja de gigantescas esfinges verdes, con cuerpo de león, alas de águila y cola de serpiente. Una tiene rostro de varón y la otra de mujer.

Era un lugar impresionante que lo componían distintas partes, cada una con una finalidad: dentro de la Ciudadela se encuentra el Hogar del Escriba. Allí, los antigüeños acuden para que los acólitos les escriban testamentos y les lean cartas. Los escribas esperan a los clientes en tenderetes al aire libre. En ellos se pueden comprar y vender libros. Algunos de ellos ofrecen mapas.
Por allí se encontraba el "Atracadero de los Sollozos" donde se pueden tomar botes hacia la Isla Sangrienta. Es un viaje corto.
Estaba también el tribunal del Senescal. Ante el tribunal, los rectores castigan a los novicios y acólitos que comenten crímenes menores, como robar comida. Al otro lado de las puertas hay un vestíbulo con suelo de piedra y ventanas altas rematadas por arcos. Al fondo hay una tarima, donde un hombre recibe a todos aquellos que desean una cita con el Senescal.
Otro lugar notable era la Isla de los Cuervos. La isla se une a la orilla este del Vinomiel por un destartalado puente levadizo de madera. En la isla se encuentra el Grajal, el edificio más viejo de la Ciudadela. Se dice que en la Edad de los Héroes era la fortaleza de un señor pirata que se quedaba cruzado de brazos y saqueaba los barcos que navegaban río abajo. Las paredes del Grajal están cubiertas de musgo y enredaderas. En el patio interior del edificio crece un arciano, en el que los cuervos descansan. La pajarera blanca está localizada en la torre oeste.

Era un lugar notable, pero la gente de allí no me resulto muy simpática que digamos. Me hice amigo de un mercader de libros que me conseguía buen material de estudio y grandes ofertas, pero mis compañeros novicios por aquel entonces me parecían insoportables, por lo cual no me hice ni un solo verdadero amigo. Conocía los nombres de más de uno pero eso no significaba que fuésemos amigos. Para mi eran una bola de creídos, que se consideraban superiores a todos los demás, por lo cual no me hice muy buena fama que digamos.

Me hice un solo amigo Morgann, que acabó por traicionar mi confianza. Le hablé un día sobre una aventura con una mujer en mis andanzas por las tabernas, yo creía haberla derretido con mis encantos, pero cuando me llevó a un burdel en vez de a su habitación me di cuenta que era ella la que me estaba atrayendo a mí, entonces salí furioso de aquel lugar, humillado por creer que mi virilidad la había conquistado. Era una tontería pero se lo había confiado como secreto a este supuesto amigo mío. Al no tener mucho de qué hablar con los demás, simplemente lo contó a todos con los que hablaba un día. Por esto fui víctima de bromas y jugarretas durante casi todo el tiempo en que estuve allí, salvo al final, cuando estábamos más maduros y nos respetábamos entre nosotros. Lo detesté por haber traicionado mi confianza y le agarré un aborrecimiento a la idea de traición desde entonces que hasta hoy me revuelve las tripas en pensar que alguien en quien confío pudiese traicionarme en algo.

Desarrollé un gran gusto por la bebida estando allí, tanto que un día al no tener más dinero, mis impulsos me obligaron a tomar un barril de vino entero de las reservas de la ciudadela. Esta pequeña empresa mía me ganó un boleto directo al tribunal del senescal. Ahí descubrí que no era lo mío rendirle cuentas a los superiores, me puse verdaderamente nervioso, sudaba mucho y vacilaba al contestar las preguntas. Desde ese día sentí gran vergüenza al hablar con aquellos que están en una posición o cargo más elevado que yo.
En fin, por esta pequeña jugarreta mía tuve que hacer un viaje para los archimaestres como castigo, caminando por cuatro días a través de unos terrenos inhóspitos, enviado a hacer un encargo especial. Al llegar, me sentí aliviado de recibir con mi paquete, un caballo que me llevara de vuelta a Antigua. Para mi sorpresa, el viaje fue agotador, aunque no tanto como hacerlo a pie.
Siento reticencia de las grandes jornadas y viajes desde entonces.

Nunca me gustó la sangre, me impresionaba y trataba de evitarla, eso fue un problema que interfirió con mis estudios. Logré superar ese obstáculo aún así, aunque hoy en día al ver heridas graves y sangrientas me estremezco.
A pesar de todas mis experiencias adversas, la ciudadela me encantaba.
Fue una lástima que tuviera que abandonar aquel lugar, me había empezado a acostumbrar y a agradar aquel estilo de vida, estudioso y trabajador, pues antes de aquella experiencia, yo era un completo inútil. No me desempeñaba en ninguna tarea ni tenía ninguna habilidad. Que fuera un niño no era excusa, no tenía hobbies, ni pasatiempos, tampoco trabajaba en los campos ni con el ganado. No hacía nada útil, y me gustaba poder colaborar en mi pequeño hogar con lo que fuese. En mi caso, estaba aprendiendo a colaborar desde el lado de la medicina, y me sentaba bien.

Una amarga realidad llegó cuando yo cumplí los 16 y estaba en plenos estudios de medicina en la ciudadela, sucedió que mi padre me sacó de allí con el pretexto de que no podía seguir pagando mi educación.

Cuando regresé al lugar donde nací y viví por años, me encontré con que mi padre ya no era amigo del señor del fuerte, pues este había fallecido, y su hijo (entrado en años ya) había heredado el título de noble. Estaba viviendo de golpe otra realidad.

Mi padre había resuelto que no podría seguirnos manteniendo a mi madre y a mí, así que simplemente partió a desembarco del rey para servir al rey loco, abandonándonos a nuestra merced.

Yo, incapaz de darnos de comer a mí y a mi madre decentemente, o siquiera darnos un lugar cálido donde dormir, tuve que verla sucumbir ante la enfermedad. No había nada que yo pudiera hacer para salvarla, pues no tenía ninguno de los recursos de la ciudadela ni dinero suficiente para ayudarla. Culpo a mi padre por ello. Además no tenía a quien recurrir, ya nadie en el poder nos brindaba su favor en aquel fuerte. Consideré un largo tiempo irme de aquel lugar, pues por más de que mi madre conociese a algunas personas que compartían su ración con nosotros y nos daban asilo algunas noches, el actual señor había dejado muy en claro en el pasado que repudiaba a nuestra familia y si se enteraba de mi regreso más que ayudarme tal vez me arrojase al calabozo o algo peor. Pero al final decidí quedarme pues ¿A dónde iría?

Luego de la muerte de mi madre, los pocos clientes que tenía como mis pacientes, dejaron de acudir a mí, pues no creían que pudiese curar sus males si no pude salvar a mi propia madre.
Así que ahí fue donde caí en la pobreza extrema, una pobreza que no creí que yo siendo hijo de quien era, habiendo estudiado en la ciudadela para ser maestre, podría alcanzar. Ahí me di cuenta de lo bajo que puede uno caer en tan poco tiempo.
Y en este punto de la historia, es donde mi ángel aparece para salvarme, en aquel mercado andrajoso me la encontré, blanca como la nieve, hermosa como nadie, ni La Madre misma era tan hermosa como ella aquel día, y resultó ser la persona más gentil y generosa que haya conocido. Tanto que me dio la oportunidad de entrar en su vida y ser parte de ella, a mí, un don nadie por aquel entonces.

Es algo que jamás olvidaré. Y su sacrificio es algo que jamás perdonaré...

Fue una victoria y una tragedia. Un buen emparejamiento que ha elevado mi condición en la vida, pero ahora mi esposa ha muerto y me ha dejado solo para que gobierne. Sin la protección directa de su linaje, algunos cuestionan si pertenezco a este aire enrarecido, a mi favor está el legado de mi padre que sirve al rey Aerys II como caballero y posee su favor, con su ayuda estoy aguantando, pero no sé cuánto durará. Estoy solo con mi hija Jayne y sigo buscando algún sustento, pues la riqueza familiar de mi esposa se está acabando y el invierno llegará en algún momento. Sin nada que producir no falta mucho para que estemos en la ruina total.

Mi boda con Lady Magna Rouvard me ha salvado de la pobreza extrema, cuando de casualidad me la topé en el mercado de Suno, mientras mendigaba, (más bien tropecé con ella y caí al suelo). Cuando pretendí ayudarla a levantarse la guardia me apuntó con sus lanzas, quedé paralizado, pero ella les ordenó que retrocedieran. Cuando vi su rostro, me enamoré al instante. Ella era mayor que yo, y era muy benevolente y piadosa, me compró algo de comer y me invitó a pasar a su salón a por algo de beber y abrigo. Yo no la recordaba en aquel momento, estaba impactado por la impresión de la escena, pero aún entonces, algo me sonaba de su cara, como si ya la hubiera visto antes, como si ya la conociera desde antes, como si mi amor por ella, ya estuviera presente desde hacía tiempo. (En efecto así era, solo que ella había cambiado mucho en el tiempo en que yo me ausenté, pero su belleza solo había crecido en intensidad desde la última vez que la vi, por ese entonces era una jovencita, ahora era una mujer hecha y derecha).

Ese día estábamos disfrutando de una alegre charla, ella contándome de su vida y yo atentamente escuchándola, perdido en sus palabras. Me contó cómo su padre no le permitía hacer nada y que su relación había decaído en los últimos años, ya casi no se hablaban y cuando si lo hacían, terminaban peleando o discutiendo. Yo estaba atónito, no podía creer que alguien de su calibre se abriera tanto con un joven cualquiera que encontró en el mercado. Le conté que mi relación con mi padre tampoco era la mejor, no nos veíamos desde que decidió abandonarnos a mí y a mi madre para servir a la corona. En eso llega el viejo amargado de su padre, para mi sorpresa no era ni más ni menos que el ¡Señor de Suno!.
Ahí entré en razón y tomé conciencia de donde estábamos, de quién era ella y de por qué me había invitado a su hogar de la nada: ¡Ella me recordaba! Había cambiado en todos esos años pero aún así me recordaba. En fin, su padre armó un escándalo y me hizo echar del castillo además de prohibirle a ella volverme a ver, en un principio yo no comprendía bien si él sabía quién era yo o si simplemente exageraba cualquier situación aramando uno de aquellos aquelarres, aunque después de todo yo era un andrajoso vagando por sus salones, con nada menos que su hija.
Pero luego me incliné por la segunda opción, pues reparé en la mirada de complicidad de Lady Magna cuando me echaron, que me decía "No sabe nada".

Luego de eso nos empezamos a encontrar más a menudo (tal vez no por coincidencia), desobedeciendo a su padre, lo cual en un principio le ponía más feliz que el propio hecho de verme, aunque aún así yo sentía que no podía ser solo por eso. Yo creía que nos veíamos para tener una manera de escaparnos al pasado, cuando los dos éramos jóvenes (yo casi un niño) y las cosas eran más sencillas, sobre todo para mí.

Con el tiempo nos hicimos muy unidos y ella terminó enamorándose profundamente de mí. Desde aquel entonces, comenzamos a ser más prudentes con nuestros encuentros, ella me tenía una pequeña cabaña preparada para sus visitas, de la cual yo hacía uso de vivienda permanente. Cada vez que me visitaba veía en su mirada un sentimiento alivio por una situación reciente, seguramente por las presiones de su padre, pues era de lo único de lo que hablábamos por un tiempo, ya que a ella la tenía preocupada. A decir verdad el más preocupado era yo, por eso le insistía tanto en que tuviese cuidado y se cerciorase de que no la siguieran cada vez que nos veíamos. Ella sospechaba que su padre tenía ideas en su cabeza de la inconformidad y desobediencia de su hija hacia él. Así que con más razón, si un día efectivamente la seguían y en sus andanzas descubrían que había estado frecuentándome, (a mí, a quien su padre le había prohibido explícitamente ver por la ira del momento, lo cual no significaba que me hubiese olvidado), si me llevaban ante él y yo debía rendir cuentas de quien era, estaba fregado.

Cuando el viejo me reconociese tendría un doble motivo para estrujarme el cuello, no solo su hija había tenido un amorío con un plebeyo desobedeciéndolo, sino que este era un joven a quien él detestaba, junto con toda su familia.

Un día nos descuidamos, a pesar de mi paranoia, las ansias de vernos fue mayor, no pudimos aguantar a que su padre no la estuviera vigilando así que decidimos que yo me colaría en sus aposentos sin ser visto. Evidentemente la parte de "sin ser visto" no salió de acuerdo al plan, pues su nodriza nos vio y cuando mandó a la guardia a su alcoba yo no tuve tiempo de escapar. Me llevaron ante el Señor feudal, o eso pretendían, pero por las gracias de los dioses, éste se hallaba indispuesto, así que simplemente me retuvieron en el calabozo.

Yo estaba muerto de miedo. Todo por lo que había temido durante nuestros encuentros a puerta cerrada, todo ese tiempo que la paranoia había dado vueltas en mi cabeza, ahora me estaba cayendo todo al mismo tiempo. Por horas, me quedé sentado en el suelo, pensando en los posibles castigos que me serían impartidos, y como mitigarlos tratando de evadir la revelación de mi verdadera identidad. De nada servía todo aquello me dije a mi mismo en un punto.
Así que solo me recosté y esperé mi destino. Cuando despierto, delante de mis narices estaba mi amante con una cara de tristeza más que de desesperación, como sugería la mía. Yo esperaba recibir noticias de que el Lord estaba listo para verme y enjuiciarme por mis crímenes, pero en cambio no fue así. Ya me parecía extraño que fuera Lady Magna quien me había ido a buscar, y no una escolta de guardias atemorizantes. Sólo me dijo "Ven conmigo" sin mayor explicación. Yo no podía entender lo que estaba sucediendo y resistí el impulso de hacerle una sarta de preguntas, pues veía que estaba afectada y algo grave había sucedido para tenerla así de afligida, así que yo, aunque no entendía nada, la seguí, impaciente por saber qué ocurriría conmigo, cuando el foco de la situación se había desviado completamente de mí.
Me condujo por unos pasillos hasta una ostentosa habitación, y en el lecho se encontraba... su padre. Cuando lo vi, en un primer momento no podía esperar buenas noticias, solo esperaba que su cara se pusiera tensa y comenzara a soltar alaridos y gritos de furia por todo el lugar "¡Que lo ejecuten! ¡Para ayer!" oía como sonaría su voz en mi mente. Sin embargo poco después me di cuenta de que no me prestó más atención que la necesaria para percatarse de que allí estaba parado, su atención se centraba en su hija y la de ella en él.

La miraba con un aire de desvarío, pero sus ojos estaban bien puestos en su inmaculado rostro. Con una gran penuria en la voz logró decirle a su hija sus últimas palabras "Lo entiendo". Se podría haber tratado de muchas cosas, entendía su enfado con él por ser tan distante y por limitarla tanto, podría haberse tratado de que entendía por qué había llevado adelante nuestra relación a pesar de su mandato, no lo sé, podían ser muchas cosas. Evidentemente yo no lo logré descifrar, estaba atónito, pero ella pareció saber exactamente a qué se refería. Por esto lo abrazó, le dio un beso en la frente y le susurró unas palabras al oído con lo que el viejo quedó muy complacido, hasta que ella se apartó y salió de la sala sin decir palabra alguna.

Yo me dispuse a salir detrás de ella a consolarla o a hablarle, no quería quedarme allí solo, en los últimos momentos de la vida de aquel hombre. Pero el viejo me paró en seco de un alarido. Bramó algo entre dientes y yo solo pude suponer que pretendía que me aproximase a él, cuando estuve al alcance de su mano esta me tomó por el cuello de mis ropajes y mirándome no con ira ni desprecio sino con una profunda seriedad me dijo "Cuídala bien". En ese momento ya no pude aguantar, el alma se me calló a los pies con tales palabras. Necesitaba decirle quien era en realidad y cuando me dispuse a contestarle no sabía por dónde empezar: quería decirle que él en realidad me odiaba, que yo era aquel chiquillo que una vez pudo ser su escudero pero que por desprecio a nuestra familia, él había mostrado su inconformidad. Pero nada salía de mi boca, aún así la abrí para decir lo primero que se me ocurriese, pero él hizo un ademán, se llevó un dedo a los labios y asintió. "Sé quién eres" me dijo.

Yo no lo podía creer en parte, parecía que hace unos momentos era un viejo enfermo y delirante y ahora parecía estar completamente en sí. Yo no confiaba que supiese realmente mi verdadera identidad, tal vez lo había dicho porque me recordaba de mi visita con Magna a sus salones. Aún así me dejó mucho más tranquila la conciencia saber aquello, así que me limité a asentir "La cuidaré" dije una vez que me soltó de la ropa, "La protegeré y siempre la amaré. Hasta el final, estaré con ella. Nada le pasará mientras yo esté con ella. Le doy mi palabra". El hombre adoptó una expresión resuelta, tranquila, desvió la vista y se quedó expectante, como queriendo que yo abandonase el recinto, mientras él disfrutaba la paz de sus últimos momentos. Así que salí y me encontré fuera a su hija y una docena de guardias. Ella me miró, yo la miré, y ambos supimos que todo había terminado, sin que me castiguen para mi favor. A pesar de esto, no era una victoria, la desgracia que era, perder a su padre.

Cuando el viejo murió, nos casamos y tuvimos a Jayne.

Una hermosa niña por la que sacrifiqué mi brazo bueno, y lo haría de nuevo, tras impedir que esta cayese desde los altos muros del castillo mientras paseaba correteando, caí yo en su lugar. Me clavé en el brazo, el borde de una carreta que amortiguó mi caída, pero que consiguió que se me incrustase una pedazo de la misma, una estaca del tamaño de una daga larga que tuve que quitarme yo mismo pues el médico no se encontraba presente en ese momento. A pesar de que llevé a cabo el procedimiento correctamente y le di los cuidados necesarios, la herida nunca sanó por completo y mi brazo quedó comprometido. No puedo levantar fuertes pesos con él ni hacer movimientos bruscos.

Poco después del parto, mi esposa murió por una infección y yo quedé solo manejando el lugar.
Otra vez, la maldición de no poder salvar a nuestras esposas resurge en mi familia. Lo que más lamenté ese día fue el no poder cumplir mi promesa con su padre de que la protegería hasta el final de mi vida, aún sabiendo que no había nada más que yo pudiera hacer, pues estaba en estado crítico, ya había perdido mucha sangre y la herida no había sido atendida como correspondía en su momento.

En realidad su muerte no fue mi culpa, pero así lo siento desde aquel fatídico día, y así lo seguiré sintiendo, hasta el día en que encuentre al malnacido del partero y le ponga las manos encima por no atender a mi esposa como era debido. Esa es mi pendiente en la vida: encontrarlo y llevarlo ante la justicia, o una suerte de justicia. Mi justicia. Aún entonces no sé si me sentiré mejor, o si cargaré menos con la responsabilidad, pero lo sabré cuando lo haga. Hasta entonces, seguiré adelante, buscando prosperar en este pequeño lugar.


PETICIONES: Linaje Dundledore - Habilitado
                 Casamiento con Lady Magna Rouvard - Herencia del fuerte de Suno.
                 Estudios en la Ciudadela -  Formación incompleta de Maestre - médico menor
A parte:
.Ser Dentos Dundledore (padre):
Ocupación:
1-Soldado; incorpora las filas del ejército real.
2-Guardia de la Ciudad (Desembarco del Rey) o miembro de los "Capas Doradas".

Petición secundaria: Ser Dentos en posición privilegiada (de brindar ayuda económica) - Favor del
actual rey. (Ser Dentos lo impresiona en una justa/torneo/jucio por combate o alguna instancia mediante la cual le haya podido mostrar su valor al rey)
                         
Petición terciaria: (En caso de no ser aceptada la secundaria) :  Ser Dentos logra hacer al rey Aerys percatarse de él por cualquier medio posible.


Última edición por Kota el Vie Mayo 20, 2016 11:05 pm, editado 6 veces (Razón : Et Lux In Tenebris Lucet)

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Re: Wat Dundledore (pre-ficha)

Mensaje por Web Master el Mar Mayo 17, 2016 8:38 pm

Un par de cosas que observé al corregir el diario:
- Me pareció muy corto
- Creo que debes poner más enfasis en las situaciones, avanzas muy rápido en la historia
- Si es tu diario pre-ficha, escribe en el título del tema [pre-ficha]
- Deberías de poner las peticiones en el diario

Me parece que podrías haber hablado mucho más de la historia al rededor del personaje, como es un pre-ficha quizás podrías haber hablado más sobre su infancia, describir mejor como fueron los estudios en la ciudadela. También me gustaría saber más sobre la esposa de Wat, me parece un poco extraño que solo porque se toparon en un mercado comiencen a conversar así como así, y más sabiendo que es hija de un noble.

2 - Ortografía(2)
3 - Creatividad(2)
4 - Realidad(1)
2 - Coherencia(0,5)
1 - Ambientación(0)

Tienes un 5,5 de nota, tienes una oportunidad para editarlo e intentar mejorarla. Con esta nota no llegas a obtener ninguna petición posible.

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Re: Wat Dundledore (pre-ficha)

Mensaje por Kota el Vie Mayo 20, 2016 11:20 pm

Terminado: Edición final realizada. TEMA CERRADO

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Re: Wat Dundledore (pre-ficha)

Mensaje por Web Master el Sáb Mayo 21, 2016 12:41 am

Bueno.... antes que nada decirte que tu diario pasó de ser uno insuficiente a ser un excelente diario con una gran historia de fondo y buen contenido, felicitaciones.

Un par de datos que me parecen importantes destacar(aunque son secundarios):
- Me parece que podrías haber cambiado un poco las largas redacciones sobre lugar o ambientación, por más situaciones como por ejemplo: una charla con tu maestro de la ciudadela, o alguna situación que surge en el camino de regreso a Suno.
- Me parece que podías haberle agregado un poco más de sufrimiento a Wat cuando muere su madre.

2 - Ortografía(2)
3 - Creatividad(2,5)
4 - Realidad(3)
2 - Coherencia(1,5)
1 - Ambientación(0,5)

Tu nota final es de un 9,5. En cuanto a las peticiones:

- Se te permite la creación de la descendencia Dundledore y pertenecer a ella como hijo no-bastardo.

-No se permite la herencia del fuerte de Suno por tu parte(no eres de esa dinastía), ni por parte de tu hija; el fuerte pasará a ser heredado por algún otro pariente hombre de la dinastía y tu hija podrá poseer una reclamación sobre el mismo.

-Estudios más que aceptados

-Ser Dentos: aceptado como soldado en el ejército del rey. Dentos gana el título honorífico de "Bodyguard" del rey Aerys II, luego de salir segundo en un pequeño torneo regional.

- Ser Dentos brinda 50 monedas de oro a Wat como "apoyo"

PD: Me gustó mucho tu diario y la trama de la historia.

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Re: Wat Dundledore (pre-ficha)

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